LA EDUCACIÓN ATENIENSE




La educación espartana, aunque tuvo muchos admiradores entre literatos y filósofos, no pasó de ser un fenómeno casi aislado en el mundo griego. Mucho más representativa de los caracteres sobresalientes del espíritu griego es la educación ateniense, sobre todo por su plástica virtud de saber renovarse y evolucionar, que tanto contrasta con la estaticidad conservadora de que se complacía Esparta. En el siglo VII a. C., cuando Esparta era ya espléndida y potente, Atenas era una pequeña ciudad de economía rural y régimen aristocrático; pero sus contactos con las prósperas y dinámicas colonias jónicas de Asia Menor aceleraron la evolución del gusto y las ideas. Mientras la aristocracia asimilaba los refinados modos de vida de la Jonia, entre los comerciantes, los artesanos y sobre todo los campesinos debe haber encontrado eco, si bien débilmente, la idea de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley (isonomía) que se había afirmado ya sustancialmente en las colonias orientales influyendo, como hemos visto, en la poesía de Hesíodo.Solón encarna apropiadamente, al principio del siglo VI, el espíritu de armonía y equilibrio que sería la grandeza de Atenas. Nobilísimo por nacimiento, supo elevarse por encima de los intereses de clase, mejoró un tanto la suerte de los trabajadores rurales, supo responder a las exigencias de las nuevas actividades comerciales y trató de realizar una síntesis armoniosa de lo viejo y lo nuevo con su obra de legislador. Sólo de ese modo, explica en una elegía (pues también fue poeta, y grande), la ciudad podría evolucionar con arreglo a la justicia y el derecho sin caer en manos de un tirano apoyado por el descontento popular. En realidad, el tirano sobrevino de todas maneras (Pisístrato); pero inmediatamente después la evolución democrática tomó con Clístenes un ritmo más acelerado. En el periodo de las guerras persas Atenas era ya, al mismo tiempo, la más democrática y más potente y rica ciudad de Grecia, la cabeza de aquella confederación de Delfos cuya potencia era marítima. Por lo demás, la aristocracia ateniense no desapareció, así como tampoco desapareció la religiosidad tradicional, no obstante sus bases esenciales rurales: en Atenas, la armonización y la síntesis de elementos antagónicos fue más regla que excepción. Conviene subrayar el hecho de que la estructura misma de la polis favorecía la continuidad entre educación aristocrática y educación democrática; en sus tiempos de máximo esplendor la población de Atenas se componía por lo menos en sus tres cuartas partes de esclavos, de donde se derivaba la tendencia de todos los ciudadanos libres a asimilar los aspectos principales de la educación aristocrática. Por ejemplo, todavía en el siglo VI, la educación físico-deportiva estaba reservada a los nobles, que la recibían sobre todo en la familia; pero ya al principio del siglo V vemos los muchachos que acudían a las clases de gimnasia en la palestra privada del pedotriba; a fines de ese mismo siglo todas las clases sociales frecuentaban habitualmente los gimnasios públicos.De esta forma se difunde poco a poco entre todos los estratos de la población la educación musical impartida por el citarista; en efecto, gimnasia y música constituyen lo que Platón llama la “antigua educación”, o sea la educación tradicional de su ciudad. Como hemos visto, también en Esparta música y gimnasia eran la base de la educación, pero una y otra se entendían como materias auxiliares en la formación del guerrero y a ellas se agregaba muy temprano el adiestramiento militar propiamente dicho. En Atenas, donde también se cultivó, si bien en forma diversa, el ideal del ciudadano-soldado, la preparación militar propiamente tal no aparece como obligatoria sino muy tardíamente, durante la guerra del Peloponeso o después de ella, mediante la institución de la efebía, una especie de servicio premilitar que se prestaba de los 18 a los 20 años de edad del sujeto. Pero en la época de la mayor grandeza ática, el joven recibía preparación gimnástica tendiente a desarrollar exclusivamente la fuerza y armonía de cuerpo y espíritu, sin preocupaciones específicas de adiestramiento militar. La música, término que indicaba en general las artes de las musas y que por consiguiente abarcaba también la cultura poético-literaria aprendida oralmente (la poesía griega se cantaba o por lo menos se acompañaba con un instrumento musical) era mucho más variada y rica en Atenas que en Esparta porque no estaba restringida a tareas exclusivamente patrióticas y guerreras. Junto al pedotriba y al citarista apareció pronto el gramático que enseñaba a leer y escribir y quizás también a hacer cuentas. A este último no tardó en aplicársele el nombre de didáscalo, es decir, maestro por antonomasia; por lo demás, es de advertir que también “pedotriba” significaba etimológicamente maestro o guía del niño, sólo que en el siglo VI el maestro por excelencia lo era el de gimnasia, mientras que en el siglo IV lo es quien enseña a escribir. Pedotriba, citarista y gramáticb eran maestros privados que daban una enseñanza colectiva. Verdad es que existen también los pedagogos, pero se trata de simples esclavos que tenían como tarea acompañar a los muchachos a la palestra o didaskáleia donde se verificaba la enseñanza colectiva, y vigilar su comportamiento, cuidar su vestuario, etc. Por tanto, si bien colaboraban a la educación moral lo hacían escasamente a la educación intelectual. Como se ve, la educación ateniense era esencialmente privada, aunque el Estado vigilaba su eficacia. Según parece, desde muy antiguo había leyes por las que los padres tenían la obligación de hacer que se instruyera a sus hijos en música y gimnasia, y por otra ley más reciente, atribuida a Solón, exigía que todos los muchachos aprendieran el alfabeto y la natación. Además el Estado proporcionaba los gimnasios (al cuidado de un magistrado llamado gimnasiarca) donde adultos y jóvenes se reunían para ejercitar el cuerpo y que constituían también lugares de reunión y ejercicio intelectual. Más tarde fue también estatal, naturalmente, la institución de la efebía. Sin embargo, el cuadro que hemos trazado aquí sería insuficiente para exponer en pleno la formación del ciudadano ateniense en la época de Pericles, si junto a los factores institucionales de la educación no se considerasen también otros, indirectos pero sumamente eficaces, como las ceremonias religiosas, los espectáculos teatrales y deportivos y, sobre todo, la asistencia a las asambleas públicas y los tribunales, espléndidas escuelas de democracia en acción. Pero incluso así, el cuadro de la educación ateniense no deja sitio a la educación profesional. En la práctica, ésta se impartía mediante el aprendizaje de taller, pero el trabajo manual gozaba de escasa consideración, pues el ideal educativo era “liberal” y nada profesional. En este sentido, la democracia ateniense abrazó el concepto aristocrático de la holgura, es decir, el tiempo de que se puede disponer con toda libertad para cultivarse desinteresadamente (en griego, scholé, de donde se deriva la palabra escuela), impartiéndole sin embargo una orientación nueva, y no primordialmente deportiva y guerrera, sino política. Para ocuparse de la política había que gozar de holgura (si bien en la época de Pericles muchos cargos se remuneraban). Aristóteles llegará a deplorar que los trabajadores manuales sean ciudadanos libres, no teniendo la posibilidad de dedicarse a la búsqueda de la verdad que es necesaria para obrar con justicia.La educación ática no se extendía a las muchachas y a las mujeres, que vivían prácticamente confinadas en el gineceo (parte de la casa que les estaba reservada). En Jonia se desarrollaron excepcionalmente formas de educación femenina, de refinado carácter literario, como en Lesbos, donde parece que la poetisa Safo cuidaba de la educación de un grupo de jovencitas. Pero para poder hablar de educación femenina organizada hay que esperar el periodo helenístico.

A continuación se presenta un Documental de la educación Grecia-Ateniense.

Historia de la educación Ateniense


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